¿Libre o prisionera?

Publicado: diciembre 20, 2019

Si cuando tomas decisiones estás pensando en cómo reaccionarán los demás, si cada vez que das un paso mides lo exitoso del mismo por la aceptación de otros, si constantemente estás pendiente de tus redes sociales para ver cuantos me gusta y comentarios tienes, si ajustaste tu forma de ser, vestir, hablar y andar en pro de los gustos de “la gente”, si permaneces en un ambiente lleno de personas y relaciones tóxicas; déjame decirte que no sólo no eres libre, estás presa en una cárcel de la que sólo tú puedes decidir salir.

Los héroes y heroínas de nuestra independencia en cada batalla dejaron su vida, su cuerpo y alma en pro de liberarnos de las cadenas que nos oprimían, Dios ni se diga, nos dio eso que llaman libre albedrío para decidir y aún con todos estos antecedentes gloriosos; nosotras nos empeñamos en hacernos presas, presas de las opiniones de otros, presas de cumplir con un molde social establecido, presas de encajar y tantas cosas más a lo que las mujeres solemos aferrarnos perdiendo nuestra autonomía, nuestra autenticidad.

Hoy quiero que pienses en todas esas cosas de las que deseas liberarte. Sí, hablemos de liberación que no es lo mismo que libertinaje. Hay una sutil línea que se dibuja entre ser libres de pensamiento y acción y despilfarrar ese derecho y yo diría, que hasta deber.

Ser independiente va mucho más allá de haber crecido y ya no vivir con tus padres, va más allá de pagar tus cuentas. Cuando éramos pequeñas muchas soñábamos con crecer para hacer lo que quisiéramos. Mi pregunta para ti es: ¿eres realmente libre y auténtica? ¿gozas de la libertad de ser sencillamente tú?

No puedo desearlo más que tu misma, lamentablemente algunas mujeres esperan llegar al límite, vivir esa gota que derrama el vaso para comenzar a trabajar en su independencia emocional.

Acá una serie de recomendaciones que van a ayudarte a salir de tu propia prisión.

Liberate de las comparaciones.

La autocrítica es una de las más duras trampas del ego en las que solemos caer, nos exigimos demasiado cayendo en comparaciones. Solemos idealizar a otras mujeres pensando que su trabajo es mejor, que su cuerpo, cabello es mas bonito, buscamos fuera lo que tenemos que buscar dentro de nosotras mismas. Y me incluyo porque por mucho tiempo viví comparándome con otras, de eso solo me quedo encerrarme en la carcel de la insatisfacción. Amar nuestro cuerpo, nuestra esencia, aceptarnos como somos es el primer paso para recuperar la independencia con la que nacimos.

Ten una cita contigo

Si no sabes quien eres, muy difícilmente podrás desenvolverte con una personalidad sólida. Serás de esas que dicen si solo por complacer. Así como puedes decidir qué quieres comer en tu almuerzo, así mismo puedes escribir una lista con tus virtudes y debilidades. Sal a pasear a solas contigo, tómate un tiempo para definir tus fortalezas, desde ellas comienza a trabajar tus puntos de mejora. Identificar tus puntos frágiles es un gran paso para dejarlos ir. Se sincera contigo y reconoce lo que amas de ti, eso que te hace única e irrepetible. Escribe también lo que no te agrada, ten claro qué situaciones sacan lo peor de ti, cómo pudieras manejarlo mejor, que pudieras hacer con tus habilidades que no hayas hecho antes para que esas situaciones no se repitan. Esa es la clave, integrar y activar lo mejor de ti ante cada circunstancia para no seguir siendo esclava de tus propias debilidades.

Diles adiós a las medias tintas.

Puede ser, ¿será que si? ¿será que no? O es blanco o es negro, en la duda siempre encontrarás un ancla, no le des larga a situaciones con las que no te sientes cómoda. Tomate una noche, una mañana, un momento para ti y piensa en esas situaciones en las que estás pendiendo de un hilo y córtalo definitivamente. Liberate de lo ambiguo y comienza a tener certeza, no hay medias amistades, medias relaciones, medios trabajos, medios amores. NO, o son amigos o no son, o es tu amor o no es tu amor, define la situación, o lo tienes o no lo tienes, vivir en la prisión de la duda no te deja avanzar en otros aspectos de tu vida, te resta paz y concentración para dedicarle ese tiempo de dudar a otros proyectos que requieren de ti tu claridad y estabilidad.

¿Qué dirá la gente? ¿Realmente importa?

Solemos generalizar, es común escuchar en la sesiones de coaching: “es que todo el mundo me critica, la gente hablará de mi, es que si yo hago lo que realmente deseo todo el mundo va a juzgarme”. La pregunta es ¿quién es la gente? ¿quiénes son? enumera ese “todo el mundo”, ¿cuántas personas realmente son? cuentalas y anota sus nombres. Verás que no son millones, son realmente 2 o 4 personas, muchas veces suele ser una persona, y tú, ¿Vas a dejar que esas pocas personas decidan por ti? te aseguro que todos están viviendo su vida, ¿vale la pena que tu dejes de vivir la tuya? liberarte de ser y hacer lo que tu realmente quieres tomando en cuenta que solo tu eres responsable de la única vida que vas a vivir, es tu responsabilidad. Llegar al final de tus días pensando no hice lo que yo deseaba por culpa de otra persona es realmente una excusa, no entrometas a nadie en tus elecciones.

Vive y da lo mismo al mundo.

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